Las elecciones sindicales fueron un invento de la patronal y el gobierno de la UCD para regular las reivindicaciones del trabajo tras la muerte del genocida Franco y la desaparición de sus sindicatos verticales. La conflictividad laboral de aquellos años provocó tal pánico entre el empresariado y las jerarquías políticas que se propusieron acabar con esa situación pretendiendo institucionalizar el sindicalismo. Los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO y todos los demás salvo CNT, aceptaron un sistema por el que la negociación se llevaba a cabo por medio del nuevo invento: El Comité de Empresa.

Las elecciones sindicales se celebran, más o menos, cada 3 o 4 años y solo aquellos que superan el 10% de votos cuentan con representatividad para sentarse a discutir y pactar con el gobierno o la patronal. El gobierno se vale de estas cifras de votos para repartir subvenciones económicas y profesionalizar a sindicalistas que dejan de trabajar en sus empresas. También la patronal subvenciona a los comités de empresa y en ocasiones, sienta a alguno de sus miembros en su consejo de administración.

Vemos en CNT que las elecciones sindicales quitan el poder de decisión al trabajador. En la empresa solo el comité es quien decidirá durante el tiempo que dure su mandato. Las personas elegidas en el comité tienen un mandato fijo y no están sujetas a ninguna disciplina. No se les puede hacer dimitir aunque no te guste lo que hagan. Te representan aunque no quieras, negocian en tu nombre aunque no les des permiso, no convocan asambleas si no lo desean, impiden que puedas dialogar o pactar con la patronal, etc.

No hay garantía de que el comité nos consulte sobre cualquier asunto que nos afecte, ni tampoco que lo haga en cualquier momento de un conflicto o una negociación de convenio, si éste no quiere.

No tiene obligación de informarnos del contenido de sus reuniones ni de las que mantenga con la empresa que pueden ser consideradas como confidenciales, como si fueran secretos de estado.

Son prácticamente irrevocables; esa decisión debe ser adoptada por mayoría absoluta de la plantilla, además esta revocación no puede efectuarse durante la tramitación de un convenio colectivo.

No existe, pues, ningún medio por el cual los trabajadores podamos controlar la gestión del comité.

La crisis del sistema

Si analizamos los últimos años vemos en que se ha convertido el sindicalismo representativo y cuales han sido sus “logros”: Por una parte han ido renunciando a derechos laborales conquistados con mucho esfuerzo, aceptando y defendiendo las dobles escalas salariales, el prestamismo laboral bajo la forma de las ETTs, la contratación temporal y la jornada parcial, los falsos autónomos y otras tantas expresiones de la precariedad laboral que fueron introducidas poco a poco y que se han ido extendiendo a todas las empresas y a todos los sectores, incluida la administracción.

Estos mismos sindicatos han desmantelado el movimiento obrero y desmovilizado a los trabajadores. Han perdido su carácter combativo y se han reducido prácticamente, a gestorías para prestar asesoramiento jurídico. Han pasado de ser organizaciones autofinanciadas solo con las cuotas de sus afiliados y por tanto independientes del poder, a ser estructuras burocratizadas, verticales, lideradas por ejecutivas que imparten desde arriba sus directrices, sin participación de los afiliados y subvencionadas por el estado. ¿A quién sirve realmente este modelo sindical?

Autogestionar la lucha y la negociación.

El primer objetivo es concienciarse y autoconvencerse del derecho que tenemos para decidir sobre nuestras condiciones laborales. No debemos delegar en representantes, sino impulsar las asambleas para que estas decidan en las mesas de negociación y en los conflictos laborales, con portavoces sin poder decisorio y revocables que hayan sido elegidos directamente por la misma asamblea.

Desde el inicio de las elecciones sindicales, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), ha venido realizando una intensa labor de información y propaganda en pro del boicot a dichas elecciones. La posición que CNT mantiene respecto a los procesos electorales en el ámbito laboral no es nueva y es conocida por buena parte de la clase trabajadora. Hemos podido comprobar que los comités no hacen sino extorsionar la organización horizontal y asamblearia, la sección sindical y todo lo que de iniciativa pudiera quedar en sus trabajadores.

CNT no solo mantiene una actitud de crítica y negacionista hacia lo que no le gusta. También lleva proponiendo desde hace muchos años su alternativa: las SECCIONES SINDICALES, en las que se organizan los trabajadores afiliados a un sindicato y que ofrece la posibilidad de no eliminar el carácter dinámico de la participación de los mismos, pues su base es la asamblea. Las secciones sindicales pueden estar formadas por un número indeterminado de trabajadores que reunidos en asamblea debaten sus problemas y deciden las acciones que deben emprender para solucionarlos. No hay privilegios, ni liberaciones, ni subvenciones ni poder en manos de los delegados ya que toda capacidad de decisión pasa por la asamblea.

Las Secciones Sindicales están reconocidas en la legislación laboral, desde al mismo Estatuto de los Trabajadores. Sin embargo, los empresarios ponen todos los obstáculos posibles para que las Secciones Sindicales se desarrollen y tienden alfombras rojas para la creación de comités de empresa, ¿por qué será?

“La CNT no quiere tu voto sino tú implicación, en CNT no hay liberados, nadie cobra su cargo y tampoco nadie vive del sindicalismo”.

La Sección de Servicios Públicos de CNT Valladolid

 

-“Usted déjeme su propuesta y quédese tranquilo, que en esta empresa, a la hora de tomar las decisiones…¡Aquí estoy yo!”
Viñeta de “Quino”

 

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